Qué le pasa a tu cuerpo cuando el estrés emocional no se va
Para entender la coherencia cardíaca primero hay que conocer a los dos protagonistas del sistema nervioso autónomo, la parte de tu sistema nervioso que funciona sin que tengas que pensar en ello: regula el latido, la respiración, la digestión o la temperatura.
El sistema nervioso simpático es el acelerador. Se activa ante un desafío o una amenaza y prepara al cuerpo para luchar o huir: sube el ritmo cardíaco, se tensan los músculos, se libera adrenalina y cortisol. El sistema nervioso parasimpático es el freno. Predomina en los momentos de reposo, digestión y recuperación, y su principal vía de comunicación con el corazón es el nervio vago.
Ambos sistemas trabajan de forma complementaria: cuando uno aumenta su actividad, el otro suele disminuirla. El problema aparece cuando nos quedamos anclados en el dolor o la preocupación. La respuesta de estrés está diseñada para ser temporal, pero si el acelerador permanece pisado durante semanas, el cuerpo pierde flexibilidad para volver a la calma. A la larga, el estrés crónico se relaciona con más riesgo cardiovascular, peor descanso, un sistema inmune más debilitado y más dificultades de memoria y concentración. Si quieres profundizar en estos efectos, te lo cuento en qué es el estrés y cómo te afecta.
Aquí es donde el corazón se convierte en un indicador muy valioso. Porque la forma en que late refleja, en tiempo real, cómo se están repartiendo el trabajo el acelerador y el freno.