El corazón a lo largo de la historia: de Egipto a Aristóteles
Durante milenios, el corazón fue considerado el centro de la persona. En el antiguo Egipto se creía que era la sede de las emociones, la memoria y el alma, y durante la momificación era uno de los pocos órganos que se dejaban dentro del cuerpo: según sus creencias, sería pesado en el juicio después de la muerte. En Mesopotamia, el corazón se asociaba también con el pensamiento, las decisiones y la moral.
En la antigua Grecia, Aristóteles defendió que la sede de la inteligencia y de las sensaciones estaba en el corazón, mientras que el cerebro serviría para enfriar la sangre. Se equivocaba, pero su intuición de que el corazón participa en la vida mental no era tan descabellada como parecía.
Las tradiciones espirituales también lo pusieron en el centro. En el cristianismo, el corazón aparece una y otra vez como la puerta de la vida interior. En el budismo, la compasión ocupa un lugar nuclear, y existen prácticas de respiración y atención centradas en el pecho para cultivarla. En el hinduismo, el Ramayana cuenta cómo Hanuman abre su pecho para mostrar que en su corazón habitan Rama y Sita.
Hoy sabemos que pensamos con el cerebro. Pero también sabemos que el cerebro no piensa solo: escucha constantemente al cuerpo, y el corazón es una de las voces que más se oyen.