Más allá del “desequilibrio químico”
La idea de que la depresión se debe simplemente a tener poca serotonina se popularizó en los años noventa, en parte por cómo se comunicaba el funcionamiento de los antidepresivos. Sin embargo, una revisión de revisiones publicada en Molecular Psychiatry por Moncrieff y colaboradores (2022) concluyó que no hay pruebas consistentes de que la depresión esté causada por niveles bajos de serotonina.
Esto no significa que los antidepresivos no funcionen: ayudan a muchas personas, sobre todo en depresiones moderadas o graves, y nunca deben dejarse sin supervisión médica. Significa que la depresión no es un simple “tanque vacío” que se rellena. Es un estado de todo el organismo en el que influyen los genes, el estrés acumulado, el sueño, la inflamación, las relaciones, las circunstancias de vida y la forma en que interpretamos lo que nos pasa.
Y aquí está la parte esperanzadora: muchos de esos factores son, al menos en parte, modificables. La misma ciencia que estudia los psicofármacos reconoce que el cuerpo humano produce sus propias sustancias con efectos sobre el ánimo, y que ciertos hábitos favorecen su liberación. No como alternativa al tratamiento, sino como base sobre la que cualquier tratamiento funciona mejor.